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Deportados, sin dinero y sin empleo

San Pedro Sula. Pese a que perdió una de sus piernas al intentar llegar de manera ilegal a Estados Unidos, José Armando Izaguirre Montalbán, de 20 años de edad, considera que ahora más que nunca debe prepararse para demostrarse a sí mismo que puede salir adelante sin necesidad de cruzar las fronteras nacionales.

Para José ha sido difícil olvidar los malos recuerdos de esa experiencia en el “tren rumbo a la muerte”, “pero la vida continúa y al mal tiempo buena cara”, refiere.

Sonríe... mira el reloj y con tono de desesperación se apresta a acudir a la clase de mecánica industrial que empezará en unos minutos, pues quiere romper el récord de puntualidad.

Izaguirre recuerda que tras ser deportado sólo deseaba suicidarse, no quería saber nada de la vida y se resistía a la rehabilitación, pero con la ayuda de Dios, sus familiares y amigos fue cambiando de parecer, al grado que ahora su incapacidad física no le impide capacitarse y hacer algo provechoso.

Al igual que Izaguirre, en los últimos años decenas de hondureños han sido deportados de Estados Unidos, enfrentándose con la dura realidad que implica la falta de oportunidades de trabajo.

El panorama ha sido desalentador para la mayoría de estos compatriotas, pues se encuentran en desventaja por la falta de preparación académica.

José Armando Izaguirre se prepara para una mejor vida en Honduras.

Es así que muchos intentan de nuevo aventurarse hacia el camino de la muerte, sorteando una serie de obstáculos que algunos no logran superar, por lo que mueren en el viaje ansiando el “sueño americano”.


Esperanzas
José Izaguirre, quien junto a su familia reside en la marginal colonia sampedrana Suazo Córdova, se encuentra desempleado y espera que la situación cambie en los próximos días cuando le coloquen la prótesis original, la cual le permitirá caminar sin el uso de muletas.

“Me fui al país del norte para mejorar mi vida y la de mi familia…, pero no pudo ser, ahora tengo que luchar para salir adelante aquí en mi país”, dijo el joven, tras pedir al gobierno y a la empresa privada la apertura de más fuentes de empleo.

Conciente de la necesidad de capacitarse para obtener un trabajo digno, José ha sido becado por la Pastoral Social- Caritas de Honduras para estudiar mecánica industrial durante un período de nueves meses. La meta es ubicarse en la maquila luego de terminar dicho curso.

Izaguirre partió a Estados Unidos el 19 de enero de este año, pero cuando estaba cerca de la frontera de ese país abordó el tenebroso tren, del cual fue empujado, con tal mala suerte que resultó gravemente herido y le amputaron la pierna izquierda.

En otro lado de la ciudad, en el barrio Cabañas, René Maldonado se encuentra desempleado desde hace más de un año. Fue deportado de Los Ángeles, California. René se especializa en el área de mecánica industrial y electricidad como becario del programa de Caritas y a la vez busca ansiosamente empleo.

Maldonado señala que de momento no ha pensado en aventurarse de nuevo hacia Estados Unidos, pues al igual que José experimentó muchos problemas para llegar a esa nación, donde los indocumentados son discriminados y explotados.

René espera conseguir un buen trabajo, luego de concluir los talleres de mecánica industrial y electricidad, considerando que el programa de Caritas les permite practicar por un período de tiempo en la empresa privada, sumado a la carta de recomendación que les otorga.


Demandas
Con el propósito de asistir a los deportados de Estados Unidos, el año pasado se firmó un convenio entre la empresa privada y el Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR).

Sin embargo, el acuerdo no ha tenido los resultados esperados, convirtiéndose en otro documento más que se relega al olvido en los archivos de los empresarios, ya que la mayor parte de los deportados continúan esperando una oportunidad de empleo, aunque sea temporal.

Los retornados solicitan mayor apertura de fuentes de empleo por parte del sector privado, tomando en cuenta que varios de ellos viven en condiciones difíciles pues desde que llegaron al país no encuentran trabajo.

Muchos se encuentran en un proceso de reinserción a la sociedad y se instruyen para alcanzar mejores posiciones de empleo, y es por eso que aprovechan los proyectos de capacitación técnica que ofrecen algunas instituciones nacionales con el apoyo de entidades internacionales.

Lucía Solórzano, de la Pastoral de Movilidad Humana que forma parte del programa Pastoral Social- Caritas de Honduras, aduce que no se debe echar a perder la experiencia de estas personas.

La mayoría no posee una escolaridad completa pero está capacitada para laborar en áreas técnicas, tomando en cuenta que la mayor parte habla inglés en un cien por ciento.

El CAMR promueve actividades permanentes con el fin de sensibilizar a la sociedad que se encuentra prejuiciada ante la conducta de los deportados, calificándolos a veces hasta de delincuentes. Para el caso, está en marcha una bolsa de empleo.

Por tanto el CAMR ofrece mano de obra en las áreas de aseo, bachilleres industriales y en ciencias y letras, promoción social, bodegueros, carpintería, costura, mecánica, meseros, vendedores, motoristas, pintores, plomería, técnicos en refrigeración, zapateros, electricistas, ebanistería, maestros de educación primaria, enfermeras auxiliares, administración de empresas, entre otros.

En la iniciativa de favorecer a los compatriotas deportados participan organizaciones como Caritas, dependencia de la Diócesis de San Pedro Sula; la Organización Internacional para el Migrante (OIM); la Dirección General de Población y Política Migratoria, y la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, CCIC.

El acuerdo de cooperación ha sido difundido entre todas las empresas de la zona norte, aunque los empresarios aducen que los perfiles de estas personas no cubren los requisitos que demandan en cuanto a experiencia profesional y formación académica.
El 69% de los migrantes sólo ha cursado la primaria, el 17% la secundaria y el restante son universitarios, bachilleres y técnicos.

Un informe del Foro Nacional de las Migraciones para Honduras (Fonamih) señala que desde 1997 a la fecha han retornado al país más de 39 mil hondureños. Estos han ingresado tanto por el aeropuerto internacional de Toncontín, la aduana La Mesa , Golosón y por otras delegaciones.

De enero a junio de este año han deportado unos tres mil 436 hondureños. Tres mil 198 vía Toncontín, Tegucigalpa, y 238 por La Mesa , San Pedro Sula.


Apoyo
Lucía Solórzano, de la Pastoral de Movilidad Humana, refiere que desde que inició el programa del CAMR en el 2000, solamente se han logrado emplear 30 personas de 72 que se sometieron al proceso de reinserción.

De esas 30 personas, cinco tienen estabilidad laboral gracias a la formación académica que recibieron a través del proyecto de Caritas luego de ser deportadas. Para el caso, Judith Guifarro trabaja como enfermera auxiliar en una clínica privada de esta ciudad.

La mayoría de estas personas buscan capacitarse en las áreas de mecánica industrial, manejo de maquinaria de maquilas, electrónica, computación, diplomado en pequeñas empresas y enfermería.

Solórzano lamentó el incumplimiento del convenio para la contratación de los migrantes retornados por parte de la empresa privada, al igual que la indiferencia del Ministerio de Trabajo.

“La gente se desespera al no encontrar empleo”, dijo tras exigir al gobierno la adopción de medidas que coadyuven a contrarrestar el desempleo, una de las principales causantes del éxodo ilegal hacia EUA.

Solórzano recomienda al gobierno que trabaje en pro de la migración documentada, como el caso de los compatriotas que se fueron a trabajar temporalmente a Canadá.

Asimismo, efectuar las reformas necesarias a la Ley de Migración y Política Migratoria, crear fuentes de empleo, hacer cumplir el acuerdo con el Instituto de Formación Profesional (Infop) respecto al proceso de capacitación de los retornados para optar a mejores oportunidades de trabajo, apoyar la microempresa y tomar en cuenta a las personas migrantes que hablan perfectamente el inglés para emplearlas en el campo turístico.


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