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Mami, te pido que me perdones, ¿ya? Te prometo que no me voy a volver a salir, le dice a su madre en su primera plática por teléfono, que les facilitó TIEMPO

SAN PEDRO SULA. La voz infantil salió limpia del auricular. Después de cinco meses de exilio, su acento mexicano era inevitable: Mami, te pido que me perdones, ¿ya? Te prometo que no me voy a volver a salir.

Aunque de corazón fuerte y curtida por el trabajo diario de mantener seis hijos, doña María de Jesús Henríquez no pudo evitar que las palabras se le atravesaran en el pecho al escuchar a su hijo Manuel de Jesús Henríquez, de 12 años, suplicándole perdón. Los treinta segundos de silencio parecieron media hora.

"Sí te perdono. Yo te perdono, hijo", le respondió con voz apenas audible por los sollozos. El, sentado en la silla del cónsul de Honduras en Tapachula. Ella, desde un escritorio en la Sala de Redacción de DIARIO TIEMPO. Desde febrero pasado, poco tiempo después de haber salido de Honduras, Manuel se encuentra albergado en un centro de atención a menores en aquella ciudad mexicana.

Por fin el esfuerzo del cónsul Alex Pacheco y de la presidenta del Instituto de Desarrollo Humano (IDH) de Tapachula, Denise López de Barrios, por regresar a Manuel de Jesús a su familia, están dando resultados, pues dentro de pocos días madre e hijo estarán nuevamente juntos.

Con la agilidad de un niño avezado en astucias callejeras, Manuel de Jesús hace una finta mental y sorprende a su madre con una ocurrencia: "¿Mami, cuántos años tengo?… Es que ya se me olvidó". Ella enjuga una lágrima con un pañuelo azul, sonríe y le responde: tenés doce.

El niño domina la conversación y le pregunta por sus hermanos, especialmente por el más pequeño, Luis Enrique, de 3 años. Le cuenta que en el IDH tiene sus tres tiempos de comida, que juega con muñecos y carritos y que cuando se venga le va a traer esos juguetes a "Luisito". Seguidamente le pregunta por sus amigos.

Ella le dice que están bien y que "Melvin, ¿te acordás de Melvin? el que te dice ‘Paío’, se puso a llorar por vos cuando te vio en Diario Tiempo. Allá te están esperando".

Manuel se interesa por saber si todavía viven en la misma casa de la colonia San Jorge, en El Progreso, y le reitera que cuando regrese no volverá a andar en las calles.

La mujer, de 37 años, pero con una apariencia mayor, le informa que ha estado interna en el hospital a causa de las preocupaciones de no saber de él. Finalmente, él le pide que le dé muchos saludos a sus amigos y a sus hermanos.

"Mami. Te quiero mucho", le dice a manera de despedida y con la seguridad de un niño rodeado de cariño.

"Gracias, yo también, hijo. Te veo el jueves. Te voy a llevar alboroto y palomillas".

ME REGALABAN COMIDA
Cuando escucha la voz del periodista a través del aparato telefónico, Manuel de Jesús cambia su tono de voz para que parezca más grave y pregunta: ¿Quién habla allí? Luego de las presentaciones de rigor accede a contar su historia.

"Yo andaba en las calles. Me monté en un bus de San Pedro que me llevó a Agua Caliente. No pagué el pasaje porque el conductor y el ayudante no me echaron de ver. La gente que encontraba me regalaba comida".

Asegura que tomó la decisión de irse porque un amigo, identificado como José y quien tendría unos 16 años, lo convenció de que en Estados Unidos les iría mejor y desde allá podrían ayudar a mejorar la situación económica de sus respectivas familias. Refiere que pasaron rápidamente el territorio guatemalteco y llegaron a una ciudad que se llama Cacahuatán, de donde tomaron rumbo a Tapachula.

Allí llegaron a un cruce de trenes, junto a un semáforo, esperando el próximo vagón para adentrarse en territorio mexicano, cuando un operativo del IDH, dirigido por doña Denise de Barrios, acompañada del cónsul Alex Pacheco, le interrumpió el viaje y lo convencieron de que era mejor quedarse con ellos. José logró escaparse.

BAJA AUTOESTIMA
Denise López de Barrios, presidenta del IDH y esposa del presidente municipal de Tapachula, informó que cuando detuvieron a Manuel le hicieron exámenes físicos y sicológicos que demostraron que el niño no ha sufrido de abusos de ninguna naturaleza.

"Al principio se mostró agresivo contra sí mismo, con una baja autoestima. Me decía que no me le acercara porque era feo, pero luego fuimos hablando con él y ahora el niño es bastante cariñoso, le gusta jugar, le encanta ir a pasear. Nos ganamos su confianza", explicó.

López de Barrios señaló que se ha encariñado mucho con Manuel y le pidió a doña María de Jesús que lo hiciera llegar a Tapachula "de vacaciones". Foto TIEMPO/Ramón Mayorga

Fuente: seccion sucesos http://www.tiempo.hn/
12 de julio 2005

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