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Migración y desintegración familiar

Cuando Paris raptó a la bellísima Elena dio inicio a una de las mitologías más fascinantes de la historia. Es así como Ulises (Odiseo) marcha obligado hacia Troya y deja a su esposa Penélope y a su pequeño hijo Telémaco en Itaca, su ciudad natal.

En esa ciudad de Itaca, vivía muy feliz José con Teresa y su hijo Pablito, cultivando la tierra y su finca de café. Pero ni Paris raptó a Elena, ni Poseidón desencadenó su furia contra su familia, sino, que la caída internacional de los precios del café, primero; luego la baja en los precios internos de los granos básicos, después la falta de empleo y por último la furia desatada por Mitch, lanzó a José hacia el “sueño americano”.

José tuvo que atravesar montañas, ríos y desiertos. Él era fuerte y capaz de luchar contra las altas montañas, la fuerza de los ríos y la inclemencia de los desiertos; parecía de hierro porque ninguna fatiga lo hacía rendirse; tenía un corazón generoso; quería mucho a su Penélope y a su Telémaco, por eso decidió partir a fin de no permitir que aguantaran hambre ni penurias por la pobreza, así fue que se vio forzado a emigrar, era su deber. Al despedirse le prometió a Teresa que regresaría y le pidió que lo esperara.

Han pasado seis largos años desde que José emigró al norte. Muchas remesas han llegado. Pero José aún no ha regresado, son pocas las noticias que llegan ya de él, son pocos los recuerdos que quedan en la memoria de Pablito, son pocos los recuerdos en los abrazos al aire que acarician el corazón de Teresa.

Todos los días viven con la esperanza del retorno de su esposo y padre, cada avión que ven pasar o cada bus al parar los mantiene en anhelos, pero igual ya pasó otro año. Por su parte, José vive desconsolado en el norte y lucha entre su soledad y su trabajo por volver a casa al lado de sus amados. Teresa, no pierde la fe y sigue aguardando a su adorado esposo, más las noches de insomnio y el llanto revelan ya su maltratada vida. Pablito, se siente abandonado y, sólo ve el retrato de su padre sin sentir su cálido abrazo o escuchar el aliento de su voz.

Doña María, busca en la frontera sur de México y Guatemala a su hijo que emprendió la guerra contra la pobreza desde hace quince años, va al panteón de Coatepeque, visita los albergues en Tecum Umán. Doña Emeteria Martínez llora la pérdida de su hija Ada Marlen Ortiz que ha desaparecido desde 1989 en el camino al norte. Muchos se sumaron al ejército de los pobres en su lucha contra la pobreza, ninguno habla de Paris o de Elena para iniciar sus épicas historias y que sean narradas por la pluma de Homero. Pero, José es el Ulises moderno que lucha por dar a su familia un futuro mejor, Teresa es la Penélope fiel que lucha cada día por mantener vivo a José en su corazón, Pablito es el Telémaco que ansía el retorno de su padre, y todos viven entre la incertidumbre enfrentando la más feroz y cruel de las batallas, la de mantener la integración familiar en la distancia.

Hoy José, Pablito, Teresa, y otros… son los Aquiles, Ulises, Telémacos y Penélopes de la historia moderna, que describen sus batallas en la lucha contra la pobreza. El Estado es el Poseidón que con sus políticas de cantos de sirena expulsa a su población a una guerra de sobrevivencia a través de la migración forzada. Son considerados hombres y mujeres valientes que enfrentan al futuro combatiendo su pobreza, por su gobierno son valorados porque sus remesas impactan positivamente en los indicadores macroeconómicos, pero están casi a punto de convertirse en victimas de su propio destino, cuando su partida tuvo como principio la solidaridad familiar, ésta está teniendo como final, la desintegración. ¿Cuántas Penélopes esperarán durante diez o más años?, ¿cuántos Ulises retornarán a Itaca al seno de su familia?, ¿Cuántos Telémacos tendrán la oportunidad de tener a su padre en casa, o tendrán también que partir al norte en busca de la ya casi felicidad perdida?

Esta es la historia épica que viven las familias pobres hoy separadas por la distancia de la migración en la búsqueda del “sueño americano”, es un acto completamente humano que tiene un trasfondo de soledad y tristeza y, que llena de incertidumbre los hogares de los hondureños en cada rincón del país.


Pedro Jiménez Torres
(*Economista y planificador)
Publicado el 01 de Febrero, 2005
Fuente: www.elheraldo.hn


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