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Conclusiones: Desafíos e Implicaciones del Modelo de Comunidades Transnacionales para la Investigación y la Acción
La noción de comunidades transnacionales plantea importantes desafíos teóricos y metodológicos tanto para el estudio de la migración, como para el entendimiento de las formas de organización y acción social, cultural y política de los migrantes en los actuales contextos de globalización. A modo de conclusiones, presentamos algunas ideas respecto a estos puntos.
a) Pensar la migración con base en el concepto de comunidades transnacionales, plantea exigencias conceptuales que no han sido debidamente resueltas en los enfoques teóricos tradicionales. En concreto, nos referimos al menos a tres aspectos. Por un lado, destaca el problema respecto a los determinantes de la acción social, y en particular, de las unidades de análisis a considerar. Por otro lado, el problema de la articulación e integración en un mismo análisis de múltiples causas o niveles de explicación de la migración. Y por último, la exigencia de un pensamiento abierto al movimiento de los procesos sociales, en este caso, de la migración, y de las transformaciones sociales que se le vinculan.
Respecto al primer punto, los enfoques neoclásicos reducen la acción del individuo a una racionalidad económica de evaluación costo-beneficio. No obstante, es claro que en el contexto de comunidades transnacionales, las decisiones respecto a quién, cuándo y cómo migrar, no se toman con base en dichos criterios economicistas, sino que la acción de migrar está envuelta y sólo se puede entender, en el contexto de un complejo sistema de relaciones e intercambios de bienes materiales, culturales, y simbólicos. En este sentido, Portes (1995) plantea la necesidad de retomar los aportes conceptuales de la Sociología Económica para el entendimiento de la acción social de los individuos. Se trata de recrear el marco social que da sentido y significado a la acción de migrar. Asimismo, la preeminencia de las estructuras por sobre los sujetos en los análisis basados en el enfoque histórico-estructural, tampoco logran dar cuenta de cuál es la o las lógicas de la acción de los individuos en el marco de comunidades transnacionales. No obstante, desde este enfoque se han logrado elaborar importantes propuestas para el entendimiento de la migración laboral en el marco de la globalización [ 11 ] . Sin embargo, la ausencia de sujetos cuya acción reproduce y transforma las condiciones estructurales, sigue siendo una de sus principales deficiencias. En este sentido, estos modelos estructurales ayudan a entender el contexto de la acción social de los distintos agentes, pero en ningún caso permiten entender y explicar dicha acción.
Por otro lado, las causas de la migración, no pueden reducirse ya sea a factores individuales, o familiares (enfoques neoclásicos), o en su defecto, a meros factores estructurales que sobredeterminan la acción de los sujetos. En ambos casos, no es posible entender, por ejemplo, por qué individuos, familias y hasta comunidades que viven en condiciones similares, y expuestas a similares condicionamientos estructurales, desarrollan distintas rutas de acción social, unos migrando, mientras que otros optan por otras estrategias familiares y comunitarias. Las comunidades transnacionales definen un ámbito particular desde el cual podemos pensar la migración, y que nos ayuda a entender estas diferencias en el comportamiento concreto de agentes particulares. Conceptos como capital social, redes sociales, causación acumulativa, o “embedded transactions”, hablan de un nivel de análisis intermedio, que no puede ser aprehendido por los enfoques microsociales ni macroestructurales. Aún más, definen un nivel de análisis que exige pensar en términos de la articulación de las dinámicas sociales que se dan tanto a nivel micro como macro. Pensar la migración desde la categoría de comunidades transnacionales, exige por tanto, pensar en una forma de articulación de las condiciones estructurales (globalización, mercados de trabajo, etc.) con las características individuales de los agentes (estructura familiar, perfiles demográficos, etc.), articulación también, de los factores económicos, con los culturales, sociales y políticos que determinan la acción social, en términos de que todos ellos configuran el marco de operación de las redes sociales. El capital social no define sólo un nuevo nivel de análisis, antes bien, define un ámbito que exige la reconstrucción articulada de los demás niveles de comprensión del proceso social.
Por último, y consecuente con todo lo anterior, pensar la migración en términos de comunidades transnacionales, capital cultural y redes sociales, exige además una forma de pensamiento abierto al movimiento. Como hemos planteado anteriormente, las redes sociales no sólo conforman una forma de respuesta a procesos estructurales. En su desarrollo y expansión, las redes sociales a la vez que reproducen, también modifican y transforman las condiciones en que ellas se expanden. Por lo mismo, no es posible usar categorías y lógicas de análisis estática, que congelan el movimiento tanto del pensamiento como de la misma realidad social que se quiere analizar. En este sentido, y retomando la propuesta de Zemelman (1992), las comunidades transnacionales pueden entenderse como ámbitos de mediación en una doble acepción. Mediación, en términos de que configura un nivel en el cual es posible pensar en la reconstrucción articulada de los procesos sociales, en este caso, de la acción social (migrar, intercambios, flujos de información, reciprocidad, etc.). Pero también mediación en términos del pasado y el futuro, esto es, en términos de la transformación de las condiciones en las cuales dicha acción social se desarrolla.
b) En términos metodológicos, el carácter transnacional de la migración implica una necesaria reformulación en las definiciones clásicas de migrante y del status migratorio de la población. La definición de "migrante" ya no puede derivarse única y exclusivamente de la condición de residencia del individuo, esto es, de la ubicación de su residencia habitual a uno u otro lado de la franja fronteriza. Por el contrario, la condición migratoria ha de definirse más bien a partir de la incorporación y participación del individuo en un sistema transnacional de redes sociales y comunitarias. Esta conceptualización de la migración permite una ampliación en la delimitación espacio-temporal del concepto de residencia habitual. A diferencia de las categorías de settlers y sojourners, en el caso de las comunidades transnacionales no se trata ya de un lugar único de “residencia habitual” que la migración hace variar temporal o permanentemente. Por el contrario, se trata de la interacción de dos o más lugares de residencia en un mismo momento, así como de la articulación de los tiempos de ausencia con los momentos en que se está presente en cada lugar (espacio) de residencia. Esto implica una expansión espacial de la noción de residencia habitual lo que permite incluir tanto el lugar de estancia en Estados Unidos como el de estancia en México. Asimismo, refleja una expansión temporal de dicha categoría (residencia habitual) al incluir los tiempos de las estancias a uno y otro lado de la frontera. Obviamente, con estas “expansiones” la noción de residencia habitual usada tradicionalmente en demografía, prácticamente pierde su anterior significado y relevancia como categoría analítica.
Se es “residente” de una comunidad transnacional, aún cuando se haya migrado de un país a otro, a la vez que se forma parte de una comunidad de transmigrantes, aún cuando no se haya modificado el lugar de residencia. La pertenencia a una comunidad transnacional, y por tanto, la participación de este proceso de transmigración, no implica necesariamente un desplazamiento continuo. Basta formar parte de una comunidad donde la transmigración le ha permitido expandir sus ámbitos territoriales de reproducción social y económica. En una comunidad transnacional no todos los miembros son transmigrantes, pero la transmigración es una práctica social que está presente en el horizonte de vida de todos y cada uno de los miembros de dicha comunidad.
Esto implica un cambio en la unidad de análisis y en el contenido de las categorías usadas en el entendimiento de la migración en los actuales contextos de globalización. Transmigración, transnacionalismo y comunidades transnacionales, son algunos de los conceptos que suelen usarse para dar cuenta de estas tendencias de la migración en esta era de globalización. A nuestro entender, sin embargo, se trata además de una necesaria expansión y ampliación del concepto mismo de “migración”. Si hubo un tiempo en que podíamos delimitar la migración como el flujo de individuos y fuerza de trabajo, hoy en día es claro que debemos ampliar su contenido incorporando la movilidad e intercambio de bienes culturales, información, y recursos materiales. Al migrar, en su propio desplazamiento, el individuo no sólo lleva consigo su persona y su fuerza de trabajo, sino que también lleva con él su cultura y su capital social. La migración así, no es sino una forma particular en que las redes y el capital social y cultural de una comunidad se expanden y consolidan en espacios cada vez más amplios y distantes.
c) Finalmente, la formación de comunidades transnacionales también plantea importantes potenciales de acción comunitaria para la defensa de los derechos de los miembros de estas comunidades que es importante señalar. Como el caso de las asociaciones de migrantes mexicanos descritas en la sección anterior de este trabajo, la movilización de los recursos económicos, materiales y políticos por medio de las mismas, permite el mantenimiento y renovación de vínculos transnacionales de estos migrantes tanto en sus comunidades de origen como de destino, así como la defensa de sus derechos humanos, laborales, políticos, y culturales. En este sentido, podemos identificar algunos espacios potenciales de acción que pudieran servir para fortalecer la defensa de los intereses de los trabajadores migrantes.
En primer lugar, si bien la canalización de remesas y otros recursos por medio de estas asociaciones a las comunidades de origen no deben pensarse como alternativas al desarrollo en un papel que debe asumir el Estado, programas de inversión en proyectos públicos como el “tres-por-uno” confiere a los inmigrantes una capacidad importante de negociación con agentes gubernamentales a la vez que le dan voz en la toma de decisiones sobre asuntos que afectan directamente a dichas comunidades.
Un segundo ámbito de acción se refiere al mejor aprovechamiento de las redes sociales de los migrantes en sus comunidades de destino para el desarrollo de coaliciones y alianzas con organizaciones civiles, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, y otros actores políticos que buscan defender los derechos laborales, políticos y culturales de los inmigrantes. Es tal vez en este ámbito donde hay un camino más largo por recorrer. Por ejemplo, sólo recientemente políticos de origen latino y organizaciones chicanas en Estados Unidos han comenzado a fomentar un acercamiento con asociaciones de migrantes mexicanos en ciudades como Los Angeles al percatarse del enorme potencial de movilización que las redes sociales de estos migrantes ofrecen (Alarcón, 2000: 21). Particularmente, el uso de las redes y capital social de los trabajadores inmigrantes con fines de movilización sindical es un área que ofrece un enorme potencial que hasta ahora ha sido pobremente explorado. En un momento donde el nuevo sindicalismo en Estados Unidos está incorporado a trabajadores inmigrantes de bajos recursos como parte fundamental de su estrategia de revitalización (Milkman y Wong, 2000), las coaliciones entre sindicatos de determinadas industrias y asociaciones de trabajadores inmigrantes aparece como un campo particularmente fértil.
Para aprovechar el potencial que estas coaliciones pueden ofrecer, es sin embargo necesario superar algunos obstáculos que hasta ahora han dificultado el acercamiento entre ambos tipos de organizaciones. Por un lado, las asociaciones de inmigrantes han de superar el enfoque parroquial que caracteriza a muchas de ellas (Zabin y Escala, 1999: 35) ampliando su agenda de intereses para incorporar de manera más activa las necesidades que afectan a la población inmigrante que reside en Estados Unidos, como en el caso de la asociación de inmigrantes michoacanos en Chicago.
Por otro lado, los políticos, sindicatos, y asociaciones de Estados Unidos, han de desarrollar una mayor sensibilización y entendimiento de la propia comunidad inmigrante, sus formas de organización social, y la importancia que tienen tanto asociaciones institucionalizadas como otras agrupaciones de carácter más informal pero no por ello menos importantes como formas de articulación y cohesión social en dicha comunidad. Más allá de este ámbito, fundaciones filantrópicas, corporaciones, y agencias gubernamentales de los países de origen y destino de los migrantes interesados en la defensa de sus derechos habrán de buscar en el futuro formas de colaboración con estas asociaciones y desarrollar formas de cooperación con las mismas.
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[11] Véase por ejemplo, el trabajo de Sassen, 1998.
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